Son las personas, estúpido.

Hace ya 5 años que viajé por primera y única vez a Marruecos. El destino fue Marrakech. El culpable Ryanair. En esos momentos estudiaba Fotografía y el presupuesto de un estudiante hace que el precio sea un importante factor: 20€ por ir y volver a Marrakech era una oferta irrechazable. Comencé a buscar en Google para conocer Marrakech: su bulliciosa Plaza de Yamaa el Fna, su Mezquita Kutubia que inspiró la Giralda de Sevilla o las filigranas de la Madraza Ben Youssef.

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Iba a Marrakech sabiendo qué es lo importante, qué quería ver, qué quería fotografiar. Desde casa, buscando en Google, imaginaba diferentes planos de la Plaza Yamaa el Fna. Cuál sería el mejor punto de vista. O desde dónde fotografiar la torre de Kutubia. También pensaba en los puestos de la medina. O en los curtidores que trabajan el cuero. Creía conocer Marrakech. Creía muchas cosas.

Aterrizamos muy temprano en Marrakech. Mientras íbamos a nuestro alojamiento vimos cómo despertaba la ciudad; sin gente, al amanecer, todo parecía un precioso decorado. Pero sólo un decorado. Pensé que debía haber algo más detrás de la fama de esta ciudad. Algo que la justificara. Al poco de llegar me separé de mi grupo de amigos para ir a descubrir la ciudad. Con la cara que mis genes me han dado me resultaba muy fácil pasar desapercibido, el brazo extendido y pegado al cuerpo, y en mi mano la cámara. Así era capaz de sortear puestos en el mercado sin recibir una sola invitación a comprar. Todo Mientras no abriera la boca, por supuesto.

La mayoría del rato sólo miraba, me sentía un intruso y temía que al sacar la cámara todos los ojos se volvieran automáticamente hacia mí y se tornara artificial todo lo que estaba viendo mientras creían estar ante uno de los suyos. Me estaba gustando ver el día a día desde dentro, tomarle el pulso a Marrakech. Seguí andando y llegué hasta calles que no estaban asfaltadas. Ya no estaba en la medina, donde había llegado era un barrio barrio. Niños jugaban a fútbol en cualquier esquina. En otra, un hombre limpiaba y dejaba reluciente su moto. Y esto me hizo aprender. Comprender la clase de Historia de la Fotografía en la que conocí a la fotógrafa Dorothea Lange, en cuyos retratos llama la atención la dignidad de sus fotografiados. Los trata como lo que son, personas, como protagonistas de su propia historia.

IMG_9423IMG_9418        Por la noche había quedado para cenar con mis amigos en la Plaza Yemaa el Fna. Aquello parecía un hormiguero en hora punta. Coches y motos se movían en cualquier dirección, aderezado con algún coche de caballos. A la vez, familias enteras y grupos de jóvenes poblaban cada esquina de la plaza preparándose para cenar. Era lo opuesto a lo que había visto esta mañana. Esto era Marrakech. 

Sobre Figueras Joan

Economista y empresario. Nací en 1957 en Barcelona. En 2015 decido dar la vuelta al mundo en una autocaravana y desarrollo este proyecto montando una productora para contar mis experiencias durante los 7 años que durará este viaje. Me gusta mucho viajar, leer, escribir, la música, el cine, la naturaleza, el arte, el buen comer... en fin, todo lo bueno que te puede dar la vida... y de paso ayudar a los demás si las cosas salen bien. Casi siempre estoy de buen humor y positivo.

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