La maldad, la bondad y la ética

Los que intentan hacer de este mundo un lugar peor, no se toman ni un día libre ¿Por qué lo iba hacer yo?. Hay que iluminar la oscuridad.  Bob Marley

Esta frase de Bob Marley me ha servido para recordar un tema sobre el que hace tiempo quería escribir. Supongo que lo dijo en un momento de lucidez e  “iluminado” ja ja.

La filosofía no es lo mío… o si lo es, lo es en un estadio primigenio o como lo calificaría yo, pedestre.  Pero aunque no tenga la capacidad de analizar hasta sus últimas consecuencias y matices los tres conceptos que titulan este post me gustaría hacer unas sencillas reflexiones al respecto.

Yo no creo que haya mucha gente mala.  Es decir, personas que de forma consciente y deliberada hacen daño a los demás y cuanto más mejor.   Al contrario, pienso que la gente es buena en esencia. Quizás peco de ingenuo, pero es lo que sinceramente creo.  No obstante, de forma inconsciente y debido también a la condición humana, el egoísmo, la envidia, etc., muchos obramos mal, por acción u omisión.

Es aquí donde entra la Ética, que la Real Academia Española define como “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”. Si nos metemos a definir moral podemos pasarnos toda una vida… pero en esencia es aquello que tu conciencia te dicta que está bien o mal. Es muy simple y no hay que darle muchas vueltas.  El ser humano tiene esa conciencia y no sé si está implícita en los genes o se adquiere… pero la tiene, y salvo casos patológicos, todos sabemos lo que está bien y mal, independientemente de las culturas y la educación.

Obrar de forma ética es un deber de cualquier ser humano y aquí es donde muchos fallamos. Ponemos por encima de cualquier otra consideración nuestro egoísmo individual, empresarial o de país  y eso nos ha llevado donde estamos. Una sociedad deshumanizada. La mayoría piensa “¿A mí me conviene…? pues lo demás que se jodan”, hablando en plata. Dinero y éxito personal es el dios actual.

No  soy la madre Teresa de Calcuta, que para ello hay que ser santo, pero sí que creo, como he dicho en algunas ocasiones, en los pequeños gestos y en pensar antes de actuar si lo que estamos haciendo es ético y si estamos perjudicando a alguien, que no lo merece, con nuestra acción, o lo que es más común, por la ausencia de la misma.

No estamos ciegos ni sordos, y lo que está pasando en el mundo no puede esperar a que se solucione solo. “Pobrecitos… que mal lo pasan…  por cierto…  nos vamos a esquiar este fin de semana”.  “No podemos hacer nada… es cosa de los gobiernos…”  Eso es lo que hacemos casi todos.  Mal… muy mal. ¿Quién escoge a nuestros gobernantes?

Bajemos un poco el  nivel y vayamos a nuestro entorno para ver cómo podemos mejorar las cosas. Los pequeños gestos que cuestan muy poco esfuerzo y pueden mejorar las relaciones y abonar la bondad de las personas.   Una sonrisa por ejemplo. Más fácil imposible.  Vamos siempre con “la pistola cargada” como digo yo…pensando que nos van a engañar o que no nos dedican la atención requerida.  Pensemos como nos gustaría ser tratados cuando estamos hablando o trabajando con alguien. Ponte en su lugar.

Otra  idea. No miremos sólo el precio de las cosas al comprar, sino quien lo fabrica y si la empresa se comporta de una forma humanamente aceptable.  Hay que ser consciente e informarse.  Otra. Escuchar a alguien que tiene un problema grave… es decir,  dedicarle tiempo…  eso ayuda muchas veces más que el dinero, y si en algún momento hay que rascarse el bolsillo para una buena causa… pues no seamos “roñosos” si podemos.  Hay miles de gestos posibles que ayudarían.

El poder de los pequeños gestos es ilimitado. Cambiaríamos el mundo y todos podemos y debemos hacerlos.  No depende de los demás y el momento es AHORA.

Sobre Figueras Joan

Economista y empresario. Nací en 1957 en Barcelona. En 2015 decido dar la vuelta al mundo en una autocaravana y desarrollo este proyecto montando una productora para contar mis experiencias durante los 7 años que durará este viaje. Me gusta mucho viajar, leer, escribir, la música, el cine, la naturaleza, el arte, el buen comer... en fin, todo lo bueno que te puede dar la vida... y de paso ayudar a los demás si las cosas salen bien. Casi siempre estoy de buen humor y positivo.
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