Collage 1

El barco ha empezado a moverse. Son las 10 de la mañana. Por la ventana del comedor estoy viendo el perfil de Ibiza. Lentamente el barco va girando para encarar la bocana del puerto. El día es gris y las nubes flotan bajas. ´

Me esperan 9 horas de travesía hasta Barcelona. El barco va prácticamente vacío. Estamos en noviembre. La gente que se ve son camioneros y hacen esta ruta todo el año, otros son residentes con coche que se desplazan por alguna razón y uno o dos turistas despistados.

Hasta la 1 no abren el restaurante, la única distracción del viaje, y por esta razón he me he puesto a escribir. Hace tiempo que quiero escribir y soy consciente de que no tengo ni talento ni oficio, ni la suficiente cultura para entretener al personal.   Pero lo intento…

He titulado COLAGE a este relato, si se le puede llamar así. Sólo intentaré describir las sensaciones que tengo, los pensamientos que elabore, las ideas, locas o no, que se me vayan ocurriendo en cada momento. Sin conexión entre ellas. Sin seguir ninguna línea argumental ni pretenderlo tan siquiera.

Podría estar leyendo. Me gusta leer. Pero esta semana estoy harto de hacerlo. He pasado demasiado tiempo en situación pasiva, viendo películas, leyendo novelas y tirado en la cama. Me duele hasta la espalda de no moverme. Ni las películas ni las novelas han sido buenas. Sólo regulares e intrascendentes. No te dejan mella ni las recuerdas al cabo de unos días. Ayudan a pasar el tiempo y ya está.

Tengo una queja. Los libros editados para ebook están en general muy mal escritos. Faltas de ortografía, mala puntuación… son como productos hechos por los chinos, de mala calidad y mucha apariencia. Hay honrosas excepciones desde luego, pero no puedo entender la prisa con la que se publican sin pasar el corrector ortográfico o una posterior lectura, atenta, para corregir los fallos que éste no detecta. Dice muy poco en favor del autor y del editor. También me sorprende a estas alturas de la tecnología que muchos libros no se lancen de forma simultánea en papel y en formato electrónico. Supongo son estrategias editoriales, o compromisos mil que lo evitan.

En mi modesta opinión la guerra del papel está perdida. El formato electrónico tiene mil ventajas frente al papel y no voy a desgranarlas ahora. Hay partidarios acérrimos del papel, ecologistas muchos de ellos seguro, que no saben que su fabricación es una de las actividades industriales más contaminantes.   Muchos aducen el olor como una sensación física necesaria para disfrutar de la lectura… Oler no huele el Kindle… pero si tan importante es el olor a alguien se le ocurrirá algún spray con diferentes olores a papel para rociarlo. A papel nuevo, a moho de biblioteca, a cuero viejo, a tinta, o la mezcla de todo ello. A gusto del consumidor. El ingenio y el negocio unidos jamás serán vencidos ja ja. De este tema se podría estar hablando horas. De la concentración de poder de empresas como Amazon en el mundo editorial. De la “mierda” que se publica de todos los géneros para llenar contenidos. Libros de 700 o más paginas interminables, como un tambor de detergente con 24 lavados más… pero con detergente que no lava.

En fin… las buenas historias y la buena literatura no abundan o no salen a la luz. No lo sé.

Viajo en Transmediterránea. A estribor y en sentido contrario veo un barco de Balearia dirigiéndose al puerto de Ibiza. Las nubes, aunque cerradas todavía, dejan pasar algunos tímidos rayos de sol, dibujando sobre la superficie del agua gris azul pequeños círculos de luz, que van cambiando de forma. Desaparecen y aparecen después en otro lugar de forma caprichosa.

Las mesas del comedor donde estoy sentado son de color crema la superficie del laminado, y rojo vivo los bancos, enfrentados a cada lado de la mesa y donde caben 2 personas de forma holgada.   Las cortinas igual de rojas que los bancos.   Años 80. Funcional.

A tres mesas delante de mí hay un hombre negro. Entre nosotros no hay nadie. Está de espaldas y bajo su camiseta de manga larga, de algodón, de color gris y ajustada, se adivina una buena musculatura. Debe tener unos 45 años y parece acostumbrado a viajar en este barco. Está leyendo el periódico extendido encima de la mesa. Con tranquilidad y detenimiento. Usa ya gafas para leer y su pelo no le molesta para ello. Está prácticamente calvo aunque lo disimula con una cabeza rasurada.

Voy a parar un rato.   Estoy cansado de estar sentado y me empieza a doler un poco la base de la espalda.

He salido a caminar por la cubierta a que me diera un poco el aire y a estirar las piernas. He dejado el ordenador y el Kindle encima de la mesa. Sí… soy una persona confiada al que la vida no le ha dado demasiados disgustos. Pierdo las cosas más que me las roban.

Caminando he pasado por delante de la ventana donde está la mesa del hombre negro. Nos hemos cruzado la mirada al ir y al volver y resulta que no es tan negro ni es un desconocido. Es un pintor, de brocha fina, irlandés de adopción… difícil determinar su origen real. Hace unos 5 años vino a ver mi casa en Ibiza para alquilarla todo el año. Le dije que no. En esa ocasión venía acompañado de un chico más joven que él y de 2 metros al menos de estatura. Al pintor lo he visto alguna vez en Ibiza, con un mercedes sedan de alta gama. Un día vi sus cuadros y me parecieron más un producto que arte. Es sólo una impresión poco fundada ya que la galería que tenía estaba orientada a vender al turista… y los cuadros eran de bajo precio y poco trabajados.

Detrás está sentada una madre con el que parece su hijo. Ella sobre los 50 y él 25 o 26. Todo el rato con el teléfono chateando o navegando. No hablan.

He subido a la cubierta superior a tomar una cerveza. Me hubiera tomado dos pero me he contenido. Son las 12,20 y estoy esperando a que abran el Self Service. Tengo hambre. Después me iré a dormir un rato al camarote. Siempre tengo sueño.

Ya estoy de vuelta. Una siesta siempre viene bien después de comer. Son las 6 de la tarde en el bar del barco. Casi todos los pasajeros están aquí. Muchos viajan solos.

Los altavoces me indican que estamos llegando a Barcelona y cierro la parada. Continuará…

Sobre Juan Figueras

Economista y empresario. Nací en 1957 en Barcelona. En 2015 decido dar la vuelta al mundo en una autocaravana y desarrollo este proyecto montando una productora para contar mis experiencias durante los 7 años que durará este viaje. Me gusta mucho viajar, leer, escribir, la música, el cine, la naturaleza, el arte, el buen comer… en fin, todo lo bueno que te puede dar la vida… y de paso ayudar a los demás si las cosas salen bien. Casi siempre estoy de buen humor y positivo.

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